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Cuando
la grilla política amenaza con alcanzar a quienes menos tienen
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La
oposición de cuatro regidores al proyecto de 4 mil 600 viviendas obliga a
preguntar si detrás del “no” existen argumentos técnicos o simplemente
diferencias políticas.
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Navojoa
enfrenta una oportunidad histórica en materia de vivienda: 4 mil 600 casas
frente a las apenas 726 construidas durante los tres gobiernos estatales
anteriores.
Por
Raúl Campoy
Navojoa, Sonora, a 01 de septiembre de 2026.- Sin dudas que la vida pública cada vez es más pública, y es
que hay momentos en los que las diferencias políticas dejan de
ser un asunto entre políticos y terminan tocando directamente a la ciudadanía.
El arranque de la construcción de 4 mil 600 Viviendas para el Bienestar en
Navojoa es, precisamente, uno de esos casos.
Durante el acto de
colocación de la primera piedra, celebrado el pasado 28 de agosto, el alcalde Jorge
Elías Retes hizo del conocimiento del gobernador Alfonso Durazo Montaño que,
desde el principio, un grupo de regidores había mostrado oposición al proyecto.
En este contexto, la respuesta
del Jefe del Ejecutivo Estatal, fue contundente en su sentido político: las grillas no deben afectar a quienes
menos tienen.
Y
aquí vale la pena detenerse.
Porque una cosa es ejercer
la responsabilidad que corresponde a un regidor (revisar, cuestionar,
fiscalizar y, cuando existan razones objetivas, votar en contra de un proyecto)
y otra muy diferente es convertir la función pública en un espacio para
bloquear iniciativas por diferencias políticas, personales o de grupo.
Si bien, el cabildo es, dada
su naturaleza, un órgano deliberativo; los ediles tienen derecho a disentir y
nadie debería cuestionar ese derecho cuando existen sólidos argumentos de tras de
una postura.
No obstante, cuando se trata
de un programa destinado a facilitar el acceso a una vivienda a miles de
familias que no cuentan con los recursos suficientes para construir un
patrimonio, la pregunta obligada es: ¿qué razones tuvieron quienes se
opusieron?
Sencillamente detrás de la oposición solamente existieron
intereses políticos, protagonismos personales y la vieja práctica de poner
obstáculos simplemente porque la propuesta proviene de un adversario.
Argumentar que no existe transporte y agua en el suroriente de la ciudad, donde se construirán las viviendas,
representa una excusa pobre porque así inician la gran mayoría de los complejos habitacionales de tipo social y, en el peor de los casos,
una coartada para la inacción y solo llevar agua a su molino, por llamarlo de
alguna manera.
A estas alturas, una postura
de esta naturaleza corre el riesgo de convertirse en una burla a la
inteligencia de los navojoenses y de la comunidad en general, particularmente
cuando no va acompañada de propuestas concretas para resolver las carencias de
infraestructura que, ciertamente, existen en esa zona de esta ciudad.
Precisamente para eso
existen los proyectos de desarrollo urbano: para planear, gestionar e
introducir servicios, no para esperar a que caigan del cielo antes de autorizar
cualquier avance.
Resulta preocupante que los regidores Adolfo Domínguez y Rosa Ortega,
de Movimiento Ciudadano (MC); Paulina Omaña, del Partido Sonorense (PS) y el
regidor independiente Eduardo Armenta exhiban una visión corta que confunde
prudencia con parálisis. Mientras ellos se aferran a la fotografía del
presente, miles de navojoenses necesitan vivienda digna, oportunidades y un
gobierno que piense en el mañana.
Cuando
el “no” se convierte en factura política
Decir “no” sin proponer
soluciones técnicas ni rutas de gestión es darle la espalda al desarrollo
social y económico del municipio. Y si los ciudadanos perciben que ese “no”
obedeció más a intereses políticos que a razones de fondo, el costo puede ser
alto: la política también cobra facturas. Una oposición sin propuestas no
necesariamente acaba una carrera política de un día para otro, pero sí puede
comenzar a sepultarla poco a poco ante la opinión pública.
No
se trata de una obra menor
La construcción de 4 mil 600
viviendas, es un proyecto considerado histórico para Navojoa, que se
desarrollará en 47 hectáreas y que forma parte del programa nacional de
Vivienda para el Bienestar impulsado por la presidenta Claudia Sheinbaum. El propio gobernador Durazo dimensionó la
magnitud del proyecto al recordar que durante los 18 años correspondientes a
los tres gobiernos estatales anteriores se construyeron apenas 726 viviendas en
Navojoa, mientras que ahora se proyectan 4 mil 600 en un solo desarrollo.
A estas alturas del texto
resulta crucial que el ciudadano navojoense
esté consciente de las consecuencias
que han arrojado las conductas de
los regidores opositores antes
mencionados, mismos que deben una
explicación clara y convincente al respecto.
Porque
una vivienda no es solamente cuatro paredes.
Para una familia de bajos
ingresos significa patrimonio, seguridad, estabilidad y la posibilidad de
alcanzar un patrimonio inmueble.
Y es precisamente ahí donde
la política debe tener límites.
Los regidores tienen todo el
derecho de cuestionar al alcalde. Tienen derecho a disentir. Tienen derecho
incluso a votar en contra.
La
frase del gobernador merece entonces una reflexión más profunda: las
grillas políticas no deben pagarla quienes menos tienen.
El
Humanismo en la 4T
Navojoa ha padecido durante
años rezagos en materia de infraestructura, servicios y vivienda. Hoy, derivado
del humanismo clave en la Cuarta
Transformación (4T) de la vida pública
de México se abre una posibilidad para miles de familias.
El debate político puede
continuar.
Las diferencias entre grupos
pueden continuar.
Las aspiraciones personales
pueden esperar.
Pero las necesidades de las
familias no esperan.
Por eso, más que señalar
quién ganó o quién perdió políticamente con el proyecto, habría que preguntarse
algo mucho más sencillo:
¿Quién
habría perdido si esas diferencias políticas hubieran impedido que las 4 mil
600 viviendas llegaran a Navojoa?
No habría perdido el Cabildo
ni los partidos políticos. Habrían perdido las familias que, durante años, han
esperado la oportunidad de contar con una vivienda propia.
Y esas familias merecen que
sus representantes populares estén a la altura de la responsabilidad que
asumieron al ocupar un cargo público.
Es precisamente aquí donde
cobra especial relevancia la dimensión histórica del proyecto. A diferencia de
los gobiernos anteriores, hoy Navojoa
está ante una oportunidad sin precedente en materia de vivienda.
La construcción de 4 mil 600
viviendas, en un desarrollo que ocupará 47 hectáreas y que forma parte del
programa nacional de Vivienda para el Bienestar, impulsado por la presidenta
Claudia Sheinbaum, representa un hecho que difícilmente puede pasar
desapercibido para los navojoenses.
Las cifras hablan por sí
mismas.
Por eso, más allá de las
diferencias políticas, las posturas partidistas o las disputas que puedan
existir al interior del Cabildo, lo verdaderamente importante es que este
proyecto llegue a las familias que más lo necesitan.
La política puede tener sus
tiempos y sus diferencias; la necesidad de una vivienda digna, en cambio, no
puede esperar.
Previo al cierre de esta columna es
crucial recordar a los ediles que el acceso a la vivienda es un derecho, no un
privilegio condicionado a la comodidad política; que los servicios públicos se planean y se
construyen junto con los proyectos habitacionales, y que gobernar implica
asumir retos, no evadirlos, y que quien abandona el debate también abandona su
responsabilidad con el pueblo.
Tal vez les diría, la Jefa
del Ejecutivo Federal, con su estilo y de frente, tal como lo ha hecho en
varias ocasiones conocidas de suyo públicamente, que quienes frenan oportunidades
históricas para los más vulnerables no están defendiendo a la ciudad, sino
condenándola a seguir esperando lo que nunca llegará si nadie se atreve a
empezar. Del mismo modo, les recordaría con firmeza, que, la transformación del
país no admite inmadurez política ni desdén por los más vulnerables.
Es cuanto, amables lectores.
Por su atención, gracias.
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