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*Arrogancia daña a partidos políticos
Por Raúl Campoy Robles.
Navojoa, Sonora, 22 de abril de 2012.- La calidez de la política en la región del mayo y el resto del estado de Sonora, ha marcado rumbos distintos en el quehacer de los politólogos de la región, las sorpresas han ido de una en una entre los aspirantes de los diversos partidos políticos, ahora ya candidatos y candidatas por los diferentes partidos políticos.
Precisamente esa calidez se ha desbordado y ya se registraron disturbios, pleitos y declaraciones fuera de tono que han sido coronadas en un marco y contexto en el que la arrogancia forma parte del discurso político y, que se veía venir desde la víspera pero que ha dado al traste con los principios de la democracia en aras del poder. Presentes en el actual proceso electoral los medios de comunicación y la crítica inherente al amiente político no se ha hecho esperar.
Actualmente, la ya deteriorada democracia socorrida por muchos y rechazada por otros registra entre la población mexicana un hartazgo, pues la llamada clase política, voluntaria o involuntariamente, está mostrando un catálogo de irritación que no sólo decepciona y desencanta, sino que produce hastío social que podría revelarse con votos de castigo o abstencionismo el próximo 01 de julio. De eso deben estar conscientes los políticos en general.
Siendo retrospectivos y haciendo una reflexión acerca de la democracia en nuestro país, podemos ir recordando y ponderando cómo se ha formado y desarrollado a lo largo de los años, al menos de manera efímera. Valorar y apreciar vida la política de México, representa sin duda alguna un valor controversial; no obstante vamos a situarnos en una perspectiva en la que podamos juzgar serena y objetivamente los hechos, ajenos a toda posición partidarista.
Para ubicarnos en el tiempo y en el espacio, al menos en una etapa de la historia de la democracia en nuestro país, cito que a la caída del general Porfirio Díaz sobrevino en México un corto periodo, casi único en su historia, de verdadera democracia. Fue el periodo maderista, de 1911 a 1913. En ese periodo el pueblo mexicano pudo expresar libremente su voluntad y llevar a las cámaras del Congreso de la Unión a genuinos representantes suyos. Por lo menos en el aspecto político brilló fugazmente la democracia en nuestro país. Pero el brillo fue efímero. Pronto el traidor general Victoriano Huerta usurpó la presidencia de la república, mandó matar al presidente Madero y al vicepresidente Pino Suárez, y restauró las prácticas dictatoriales.
Al paso de los años, Venustiano Carranza, promulgó al fin la Constitución Política de México en 5 de febrero de 1917. Esta reconocía, por vez primera en el mundo, los derechos de los trabajadores como clase social, en sus artículos 27 y 123 y el estado mexicano, sin dejar de ser un estado de derecho y ya no liberal parecía abrirse para los mexicanos una fundada esperanza de que, al fin habría coherencia entre los textos constitucionales y las aspiraciones de libertad política y de equitativo reparto de la riqueza.
No obstante, las viejas prácticas de dictadura constitucional siguieron adelante con los gobiernos revolucionarios y se ha ido consolidando, en las últimas décadas, un presidencialismo de gran intensidad, que aprovechando la constitución va más allá de ella y la transforma según los planes y requerimientos de la política del gobernante en turno.
Así, el estado mexicano, surgido desde la época de la independencia como fruto de duras y sangrientas luchas, ha llegado a ser --al menos en la letra del texto constitucional-- un estado democrático, representativo y federal. Pero, la realidad mexicana, ¿Responde a ese esquema jurídico-político? La respuesta podría tener diversas vertientes según la óptica del lector.
Actores políticos de la época, que lucharon por la supuesta democracia, además de los anteriores son: Álvaro Obregón, Cárdenas y Calles que hábilmente integró el ahora PRI. Desde entonces sigue vigente la antinomia entre la democracia formal (la que aparece en los textos constitucionales y legales) y la democracia real, la que se da de hecho en la vida de la sociedad mexicana.
Un minucioso análisis sociológico y político del funcionamiento del gobierno mexicano y de los procesos electorales nos permitirá, en cada caso, resolver si hay armonía o antinomia entre lo formal y lo real en la democracia nacional, pero eso lo dejo al libre albedrío del lector para que haga sus conclusiones.
Cada día somos testigos de conflictos entre los poderes públicos federales, estatales o municipales, entre partidos políticos, organizaciones no gubernamentales, políticos de viejo cuño, por movimientos sociales del pasado, actos de corrupción, maniobreros políticos, filtraciones contra filtraciones, competencia de tramposos y corruptos, entre otras situaciones que denigran la clase política.
Actualmente cualquier observador externo, a la vista de las turbulencias que agitan a México, probablemente no apostaría por su futuro. Dicho observador comprobaría la alta frecuencia con la que conflictos sociales y políticos derivan en violencia explícita en algunos casos e implícita en otros, en donde en apego a cordura e inteligencia esperan sus tiempos para actuar y aplastar a sus enemigos políticos.
En tanto se apegan lineamientos dictados desde las altas esferas políticas, aun cuando por dentro guarden una bomba de tiempo que podría estallar al menos, en el próximo proceso electoral. Trátese, aclaro de actores políticos del PRI, PAN, PRD, PT, NUEVA ALIANZA, PVM etcétera. En espera de que dicha bomba política explote para bien el próximo 01 de julio, me despido amables lectores.
Por su atención gracias.




