Lic. Raúl Campoy R.
NAVOJOA, SONORA. Agosto 20.- En el presente año electoral, parecía abrirse para el pueblo sonorense una fundada esperanza de que al fin habría coherencia entre los textos constitucionales y las aspiraciones de libertad política en el marco de la legalidad y la Ley Electoral. Por desgracia, las viejas prácticas de los diferentes partidos políticos, siguen adelante para gloria o desgracia de los actores políticos con resultados postelectorales sin precedentes.
Y es que, por el contrario, las viejas prácticas de los priístas, ya copiadas y ejecutadas por los panistas y perredistas, sólo por mencionar los tres partidos con mayor representatividad social, se han consolidado en los últimos sexenios y el presente no es la excepción, en virtud que el presidencialismo acrecienta su poder que, aprovechando la Constitución va más allá de ella y la transforma según los planes y requerimientos de la política del presidente de la República en turno; sucede lo mismo a nivel de los gobiernos estatales y municipales, donde el H. Congreso también marca su influyentismo, o bien, recibe línea desde las altas esferas del gobierno.
La calidez de la política en la región del mayo y el resto del estado de Sonora, ha marcado rumbos distintos en el quehacer de los politólogos, por llamarlos de alguna manera, las sorpresas han ido de una en una entre los candidatos de los diversos partidos políticos, donde no se ha tomado en cuenta, la trayectoria, el perfil, la preparación, el capital político de los aspirantes, ni los grupos de donde emanan, simplemente la designación o dedazo, como se le quiera llamar, ha manchado el año electoral, marcando unas elecciones sin precedentes en la historia de Sonora; cuyo proceso, desde que se registraron los candidatos oficiales, y aún después del 5 de julio, ha dado al traste con los principios de la Democracia, y todo en aras del poder.
El ambiente post electoral en Sonora no está libre de la incertidumbre y zozobra entre el electorado que siente que su voto ya no tiene razón de ser, en virtud que ante los resultados electorales todo indica que el avance democrático marcha a pasos lentos. Si bien es cierto que impugnar la elección es un recurso de ley al que tienen derecho todos los partidos políticos, cuya solución está en los tribunales, con resultados que tienen en la expectativa a los sonorenses, también es cierto que, la democracia en México ha resultado muy costosa al erario. El reciente fallo dictado por el TEETI, que ratificó el triunfo de Guillermo Padrés Elías, como gobernador electo de Sonora desechando la impugnación del PRI y sus aliados, el PANAL y el PVE, deriva en que los perdedores recurrirán de nuevo al Máximo Tribunal de justicia Electoral,el TRIFE para que de la última palabra. La incertidumbre podría llegar, según las circunstancias hasta el próximo 10 de septiembre o ir más allá.
En situación similar está la elección a alcalde de Navojoa donde se espera que los magistrados del TEETI después de revisar y analizar los 119 paquetes electorales que resguardó el Consejo Municipal Electoral en base a un recurso de impugnación, emitan un fallo final esta semana a favor de José Abraham Mendívil López o Guadalupe Mendívil Morales, candidatos del PRI y PAN, respectivamente.
Respecto al costo del sufragio, es de anotar que cada uno de los votos que se emitieron el pasado 5 de julio le costaron al contribuyente poco más de 500 pesos, que podría superar los 700 pesos si se añaden costos ocultos públicos y privados. En el 2009 el IFE y los partidos políticos están ejerciendo un presupuesto de 12 mil 180.7 millones de pesos, según acuerdo de ajuste al presupuesto del IFE CG953/2008; agregando mil 998 millones de pesos del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Empero este es el costo económico, donde México se ubica con los procesos electorales más caros en el mundo, pero más caro es que gradualmente se pierda la credibilidad en los políticos, demostrado por los electores al abstenerse de votar.
Actualmente, la ya deteriorada democracia socorrida por muchos y rechazada por otros registra entre la población mexicana un hartazgo, pues la llamada clase política, voluntaria o involuntariamente, está mostrando un catálogo de podredumbre que no sólo decepciona y desencanta, sino que produce hastío social. Donde Sonora y la región del Valle del Mayo no es la excepción.
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